jueves, 8 de octubre de 2015

Hervir la niebla en la Ciudad profunda










































































































































Era sagaz en la prisión del frío.

Vio presagios en la mañana azul: los vigilantes hendían el
invierno y los arroyos eran lentos entre las flores de la nieve.

Venían cuerpos femeninos y él advertía su fertilidad.

Luego llegaron manos invisibles. Con exacta dulzura, asió la
mano de su madre.

Antonio Gamoneda. Libro del frío

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